El aborto ha sido uno de los temas más controvertidos de las últimas décadas, pero detrás de los motivos personales y sociales que lleven a este, hay una praxis médica aplicable en casos determinados que está por encima de toda opinión personal, pero ¿cómo de fina es la línea que separa un consejo médico de un concepto ético?

Embarazada de mellizos

Manda y Richard Grover son una pareja británica que tras varios intentos fallidos de concebir, finalmente consiguieron su propósito, a los 44 años, Manda quedó embarazada de mellizos.

Pero después de realizar las pruebas de seguimiento pertinentes, revelaron que había una alta probabilidad de que uno de los mellizos, su hijo, tuviera síndrome de Down.

Los médicos dieron a la pareja la opción de abortar, pero sintieron que tenían que defender de manera constante y repetida su decisión de seguir adelante con sus dos hijos.

“He esperado tanto a mis bebés que pensar que me estaría deshaciendo de uno, o incluso arriesgarme a perder ambos, para mi no es una opción” – dice Manda

Sus hijos, Jack y Jessica, son “igual de perfectos tanto uno como el uno al otro”, dijo. “Me cuesta creer que si hubiera seguido el consejo de muchas personas a lo largo del proceso de gestación, mi hermoso niño no estaría aquí hoy”.

La difícil carrera por quedarse embarazada contra el reloj biológico: a la tercera va la vencida

La pareja consultó hace 6 años a su médico de cabecera en busca de ayuda por concebir de manera natural pero Manda tenía endometriosis y su trompa de Falopio derecha estaba bloqueada.

Además se la consideró demasiado mayor, por lo que finalmente se sometió a un tratamiento de reproducción asistida.

“Los chequeos internos, los sondeos, la hinchazón, etc. no eran nada ‘glamuroso’, pero esperaba que todo valiera la pena. Mis óvulos fueron extraidos y se le pidió a Richard que produjera algo de esperma. Consiguieron fecundar a seis de ellos, y todos esperábamos lo mejor cuando los dos embriones supervivientes se volvieron a poner dentro de mí.”

Pero las buenas noticias fueron breves, el cuerpo de Amanda abortó los embriones.

A pesar de ello y después de mucho pensar y debatir, Manda y Richard tomaron una valiente decisión: intentarían de nuevo la reproducción asistida. Pero falló de nuevo

Pero durante el proceso anterior congelaron dos embriones, por si la pareja quería volverlo intentar de nuevo, y así lo hicieron.

Noticias amargas y consejos difíciles

A las 5 semanas se constató, Amanda estaba embaraza de mellizos y en la exploración de las 12 semanas a Manda se le realizó la prueba de detección del síndrome de Down.

“Después de que las primeras ecografías nos dijeron que había una probabilidad de 1 entre 50 de que ambos tuvieran síndrome de Down.

“Me hicieron pruebas adicionales y descubrimos que las posibilidades aumentaban. Se convirtieron en 1 entre 80 para la niña y 1 entre 8 para el niño.”

“Me preguntaron si quería hacerme una prueba de amniocentesis que conllevaba una probabilidad de 1 entre 100 de aborto espontáneo. Una prueba que si arrojaba un resultado positivo para el segundo mellizo se me daría la opción de abortarlo

“Lo descarté de inmediato, había esperado mucho para tener mis bebés. Pensar que me desharía de uno, o incluso arriesgarme a perder ambos, no era una opción”

“En cada exploración que me hacían, y me hicieron más de las normales debido a mi edad y por tener mellizos, me preguntaban si quería continuar con el embarazo”

“La pregunta se volvió hiriente y tediosa. No se había confirmado al 100% que uno de los mellizos tuviera síndrome de Down, pero Richard y yo habíamos aceptado que sí y comenzamos a leer sobre el él.”

El parto

El sábado 10 de octubre de 2015, los mellizos Grover llegaron al mundo por cesárea con un minuto de diferencia.

La pareja lo percibió rápidamente por los rasgos físicos, Jack tenía Síndrome de Down y Jessica no.

“Recuerdo que después de hablarnos sobre Jack, el médico me transmitió sus condolencias. No pude entender para qué. Le expliqué que tenemos dos bebés hermosos, sanos y que habíamos esperado seis años para traerlos a nuestras vidas”.

Jack y Jessica Grover tienen dos años ahora y unas sonrisas preciosas.

La gente suele miran dos veces a sus hijos, preguntándose cómo pueden ser mellizos cuando uno tiene síndrome de Down y el otro no. A Manda le preocupan más los juicios de los padres cuando los niños comienzan la escuela que los de los otros niños.

“A veces me hacen comentarios y preguntas sobre ellos y tengo que poner cara de valiente”

“Pero no tengo miedo de pedir ayuda, sé que no es señal de debilidad. Me pone nerviosa que en el futuro otros vean a Jack como alguien diferente, pero cada día me vuelvo más fuerte, al igual que Jessica y Jack.”

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