Llega la hora de la cena y vuelve a empezar el ritual de batalla de cada día, ese tira y afloja para intentar que nuestros hijos se alimenten en condiciones: que coman bien, que no se distraigan o que no nos monten un berrinche. Para muchos padres es un suplicio diario y por eso queremos echarles una mano.

En realidad, la mano viene del neuropsicólogo Álvaro Bilbao y de los cocineros más prestigiosos de la alta cocina, quienes colaboran con institutos de neurociencia para intentar averiguar cómo afectan a nuestro cerebro y apetencia factores tan variados como el color y la temperatura de la comida o el material de los platos donde los servimos.

Vamos a hacer un resumen de sus ideas y a darte algunos consejos más que pueden ayudarte a que tus hijos coman mejor. ¿Preparado?

Dales autonomía: pueden elegir y servirse solos

Esto va a depender del menú, pero es una buena idea que hagas varios tipos de guarniciones para que ellos escojan la que prefieran. Cuando les damos poder de decisión a los más pequeños, se concentran más y se toman las cosas con mayor interés. Es posible, además, que despertemos su curiosidad y empiece a probar cosas nuevas.

Si ya han comido, ¿de qué te extrañas?

Cuando somos adulto no nos obligamos a comer si no tenemos hambre. Nos permitimos comer a deshora y asumimos la responsabilidad, pero con los niños no funcionan esos mecanismos. Necesitan rutinas, también para alimentarse. Si comen entre horas y llegan a la comida o la cena sin hambre, lo más probable es que vayas a tener problemas, y es bastante fácil evitarlo.

Ayuda a que se concentren eliminando las distracciones

Muchos padres creen que poner dibujos animados ayuda a que sus hijos coman mejor, pero en realidad solo están fomentando que se encuentren distraídos del acto de comer. Eliminar las distracciones puede ser duro al principio, pero el valor de enseñar a nuestros niños a concentrarse en lo que están haciendo no tiene comparación y le servirá en muchos otros aspectos de su vida.

Se puede comer con las manos

El hecho de obligarles a usar cubiertos puede convertir el acto de comer en un proceso frustrante. Es cierto que deben aprender y que sin práctica no lo harán, pero ser benevolentes con ellos y permitirles comer algunas cosas con las manos puede hacer que no se desmotiven. Solo tienes que vigilar o dar permiso para que cojan con sus dedos ciertos alimentos.

Cenar pronto es mejor

Álvaro Bilbao explica que el cerebro de los niños está predispuesto a dar más importancia al sueño que a satisfacer la necesidad de comer. Por ese motivo, es mejor que los niños se sienten a la mesa antes de estar agotados, se concentrarán mejor y estarán más predispuestos a afrontar retos alimenticios.

La luz importa

Te habrás fijado en que los restaurantes tienen muy en cuenta el diseño de su iluminación. Esto es porque la luz es un componente básico a la hora de crear una experiencia, y en la comida también influye. Un estudio de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, determinó que la luz blanca nos hace tomar decisiones más conscientes y eso nos hace comer cosas más sanas. Esto confirma que la tonalidad de la luz afecta a nuestra forma de comer y, en el caso que nos interesa, la luz cálida hace que nos sintamos cómodos y provoca que comamos más relajados.

Implica a tus hijos a la hora de cocinar

Comida de fotografía creado por Pressfoto – Freepik.com

De vez en cuando puedes pedir ayudar a tus hijos para hacer alguna receta que os guste a todos. Si van contigo a la compra y participan en la elaboración, estarán encantados de sentarse a la mesa a probar su obra.

No utilices platos de plástico

Los platos blancos, redondos y con brillo hacen que la comida nos parezca más apetecible, según explica Kieran Lenihan, chef en el restaurante irlandés-italiano Farrells, de Bristol, Inglaterra, una afirmación avalada por la ciencia aunque poco se sepa de su por qué.

Así que, si a tus hijos ya no se les caen las cosas al suelo, puede dejar a un lado los platos de plástico.

Pónselo fácil a la hora de masticar

Seguro que recuerdas aquellos momentos en los que algún alimento se te “hacía bola”. Habrías sido mucho más fácil si los trozos fuesen más pequeños, ¿verdad? Tus hijos agradecerán que te tomes la molestia de entrenar sus mandíbulas poco a poco, y además podrán contarte entre bocado y bocado qué tal les ha ido el día.

Permite que renuncien a un alimento que odien

Nos referimos al truco que propone Minue de Directo al Paladar. Se trata de permitir que nuestros hijos elijan un ingrediente prohibido que permitiremos que no coman. No se pueden escoger grupos genéricos, como “pasta” o “pescado”, sino que ha de ser algo concreto, como los espárragos. Cuando vayas a usarlos en un plato, recuerda que tienes que preparar algo distinto para tu hijo y le estarás demostrando que sus decisiones te importan.

Ni frío ni calor

Según Álvaro Bilbao, la comida templada es la mejor opción. “El cerebro rechaza de manera natural alimentos fríos. Prefiere, por lo general los alimentos calentitos, porque los asocia a comida cocinada que es más fácil de digerir”.

Fuente: El cerebro del niño, Directo al Paladar, Food Psychology / Foto de portada: Bearfotos en Freepik.com

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